martes, 28 de octubre de 2014

Algo así como Escila y Caribdis.

Sólo aquí puedo escribir, suponiendo que esto sea escritura de esa cuyo cauce nace en algún punto oculto del corazón, de esa que se siente como cuando te quitas una venda que te cubre una herida y al hacerlo la carne viva se te queda pegada en la tela. Pero no. Esto se siente más como intentar caminar con un pie dormido, y pasar unos minutos masajeándolo con la esperanza de recuperar las sensaciones en dicho miembro. ¿Qué quiero decir? Nada. Aunque nada puede ser tanto. Intento mantener a raya la angustia, no tengo dinero para alcohol así que la escritura se ha convertido en mi morfina. Parca morfina. No puedo siquiera concentrarme en mi "droga", estoy viendo televisión mientras tecleo, pero así las ideas parecen ajenas y no duelen, de esta forma sólo puedo sentir un pie dormido. Entonces distracciones como la televisión son la otra mitad de mi morfina, o quizá son tres cuartos o cuatro quintos de mi droga, de mi huida. Espero uno de estos días prescindir de dichas distracciones y lograr mirar la vida, ya no digo de frente, de lado, de espaldas, de cualquier ángulo, pero mirarla. Y es que no puedo mirarla, sólo no puedo, tengo un espacio en mi guardarropa vacío, un lado de la cama que ya nadie ocupa, algunas pláticas que me cuento de madrugada, unos ojos que me siguen como la luna llena cuando me pierdo caminando en una noche clara. Así las cosas. Quisiera tener fuerzas para más, o posiblemente ni quiero. Bien que sé que detrás de la angustia está la miseria. Miseria y angustia, angustia y miseria, me rodean sin tregua. Elegí la menos peor, estar angustiado es menos doloroso que ser miserable. Pero elegir una no es renunciar a la otra, sin importar la elección siguen las dos al asecho, siguen vigilándome, observándome, estudiando mi cuello para atacarlo. Entonces la televisión, las redes sociales, lo videojuegos, el alcohol y anexos se yerguen como heroicos salvadores de mi cordura. Y mi cordura se siente a salvo en medio del fuego cruzado. Seguridad imaginaria, jodidez vestida de salvación. Sólo aquí puedo escribir, aunque no diga nada.

martes, 21 de octubre de 2014

El monstruo

Hay un monstruo sentado en mi sala
me observa sin apenas moverse
no gruñe, ni gesticula, ni amenaza
sólo me observa sin distraerse

Me quedo inmóvil observándolo
me quedo inmóvil pero sin calma
me quedo inmóvil mientras transito
me quedo inmóvil dentro mi alma

Hay un monstruo mirando mis ojos
parece de mármol pero respira
va tras de mi hasta mis sueños
cierro sus ojos pero aún me mira

Se queda inmóvil y me sujeta
se queda inmóvil pero se siente
se queda inmóvil sin su cabeza
se queda inmóvil pero no miente