Un blog para reflexionar y para hacerse güey según convenga. La vida y sus viscisitudes son tan variadas que siempre es bueno tomarse un descanso y pensar.
miércoles, 10 de diciembre de 2014
La espera
Siempre espero, algo espero, y no sé que esperar. Me acomodo en un sillón incomodo y así se pasa el día, termina la mañana, comienza la noche, media noche, madrugada y otra vez. El plan A ya se me fue de las manos, queda el plan B, ojalá no tuviera que llegar al C puesto que ese plan es un simple regreso al principio, al vacío. Hace cierto tiempo me senté en una banca del parque, no recuerdo porqué lo hice, estaba cansado o esperaba algo, o quizá me senté porque no esperaba nada. Pero estaba sentado observando a la gente, se movían con mucha prisa casi todos, parecían darle mucha importancia a sus asuntos, como si de hecho les fuera la vida en ello. Yo ahí sentado sin ningún asunto de importancia en el que me fuera la vida. Pero me sentía igual a todos, ellos esquivan la vida moviéndose y yo la esquivo inmóvil, es el mismo sin sentido correr huyendo de algo de algo de lo que no se puede escapar, que sentarse y esperar. Da igual esperar a oscuras, si al encender la luz descubres que no tienes interés en ver. Pero no todo está perdido, lo sé porque estoy escribiendo, lo sé porque sigo esperando, algo espero, aunque no sé que esperar...
martes, 28 de octubre de 2014
Algo así como Escila y Caribdis.
Sólo aquí puedo escribir, suponiendo que esto sea escritura de esa cuyo cauce nace en algún punto oculto del corazón, de esa que se siente como cuando te quitas una venda que te cubre una herida y al hacerlo la carne viva se te queda pegada en la tela. Pero no. Esto se siente más como intentar caminar con un pie dormido, y pasar unos minutos masajeándolo con la esperanza de recuperar las sensaciones en dicho miembro. ¿Qué quiero decir? Nada. Aunque nada puede ser tanto. Intento mantener a raya la angustia, no tengo dinero para alcohol así que la escritura se ha convertido en mi morfina. Parca morfina. No puedo siquiera concentrarme en mi "droga", estoy viendo televisión mientras tecleo, pero así las ideas parecen ajenas y no duelen, de esta forma sólo puedo sentir un pie dormido. Entonces distracciones como la televisión son la otra mitad de mi morfina, o quizá son tres cuartos o cuatro quintos de mi droga, de mi huida. Espero uno de estos días prescindir de dichas distracciones y lograr mirar la vida, ya no digo de frente, de lado, de espaldas, de cualquier ángulo, pero mirarla. Y es que no puedo mirarla, sólo no puedo, tengo un espacio en mi guardarropa vacío, un lado de la cama que ya nadie ocupa, algunas pláticas que me cuento de madrugada, unos ojos que me siguen como la luna llena cuando me pierdo caminando en una noche clara. Así las cosas. Quisiera tener fuerzas para más, o posiblemente ni quiero. Bien que sé que detrás de la angustia está la miseria. Miseria y angustia, angustia y miseria, me rodean sin tregua. Elegí la menos peor, estar angustiado es menos doloroso que ser miserable. Pero elegir una no es renunciar a la otra, sin importar la elección siguen las dos al asecho, siguen vigilándome, observándome, estudiando mi cuello para atacarlo. Entonces la televisión, las redes sociales, lo videojuegos, el alcohol y anexos se yerguen como heroicos salvadores de mi cordura. Y mi cordura se siente a salvo en medio del fuego cruzado. Seguridad imaginaria, jodidez vestida de salvación. Sólo aquí puedo escribir, aunque no diga nada.
martes, 21 de octubre de 2014
El monstruo
Hay un monstruo sentado en mi sala
me observa sin apenas moverse
no gruñe, ni gesticula, ni amenaza
sólo me observa sin distraerse
Me quedo inmóvil observándolo
me quedo inmóvil pero sin calma
me quedo inmóvil mientras transito
me quedo inmóvil dentro mi alma
Hay un monstruo mirando mis ojos
parece de mármol pero respira
va tras de mi hasta mis sueños
cierro sus ojos pero aún me mira
Se queda inmóvil y me sujeta
se queda inmóvil pero se siente
se queda inmóvil sin su cabeza
se queda inmóvil pero no miente
me observa sin apenas moverse
no gruñe, ni gesticula, ni amenaza
sólo me observa sin distraerse
Me quedo inmóvil observándolo
me quedo inmóvil pero sin calma
me quedo inmóvil mientras transito
me quedo inmóvil dentro mi alma
Hay un monstruo mirando mis ojos
parece de mármol pero respira
va tras de mi hasta mis sueños
cierro sus ojos pero aún me mira
Se queda inmóvil y me sujeta
se queda inmóvil pero se siente
se queda inmóvil sin su cabeza
se queda inmóvil pero no miente
miércoles, 6 de agosto de 2014
Está bien...
Recuerdo nebulosamente esa tarde, sé que debe estar oculta en algún lugar de mi memoria, pero por lo pronto prefiero que siga perdida en los confines de mi propia niebla. Te reclamé por ese muro de granito que fuiste construyendo a traves de los meses, cada día era más difícil de cruzar para mi. Te veía alejarte lentamente, inexorablemente, siempre segura que todo era culpa mía, siempre molesta por tirivalidades del pasado. Pero ese día te reclamaba, lo recuerdo, preguntaste si estaba terminando contigo para un segundo después contestar a tu propia pregunta con un sencillo "está bien...", luego no recuerdo mucho, deseaba huir, no estar más, observé la niebla bajar con parsimonia, todo se fue cubriendo de un halo blanco. Luego ese sencillo "está bien" me poseyó. Comencé a flotar por la vida, de aquí para allá, no tenía trabajo y dejé de buscar, gastaba mis ahorros en comer parcamente, ver televisión, dormir y recrear una y otra vez tu boca diciendo "está bien". Eventualmente me fui alejando de ese día, del "está bien", pero en ocasiones volvía a brincar sobre mi pecho con toda su fuerza y me robaba el aire. Encontré un trabajo para ir sobreviviendo, recuperé algunos amigos para distraerme de mi mismo, tuve un par de romances para cubrir la miseria de mi existencia, recordaba por las noches tu boca diciendo "está bien".
Cierto día salí de fiesta con mis amigos, estábamos en un bar riendo y tomando, por algún motivo una de mis amigas te recordó, me comentó lo feliz que me veía mientras duró nuestra relación, dijo que me envidiaba, deseaba algún día verse tan feliz como yo en aquella época. Le sonreí, noté que la niebla se había disipado casi completamente. "¿Quieres bailar?" me preguntó; "está bien" le respondí.
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