miércoles, 11 de enero de 2012

Si los superheores fueran reales

Aquella mañana, mientras Federico se lavaba los dientes preparándose para salir a trabajar, no se imaginaba de ninguna manera que esa era la última vez que realizaría aquella rutina con la que despertaba cada nuevo día, incluyendo el domingo que era su día libre.
Subió a su auto como siempre, llegó a la tienda de autoservicio donde se dedicaba a acomodar los productos, reportar cuando alguno se agotaba, mantener limpio el lugar y atender la caja de vez en cuando. Comenzó a reparar una de las luces del techo, pero llegó su hora de comer y dejó la tarea a medias, unos cables de electricidad colgaban amenazantes pero estaban muy altos para significar algún peligro real. Eran las 3:00 en punto cuando abandonó sus labores para ir a comer el platillo que él mismo se preparaba cada mañana. Tomó el recipiente con su comida, uno de los tres que había comprado expresamente para ese propósito y se sentó sobre unas cajas de la bodega a comer.
Escuchó unos gritos provenientes de la caja, entreabrió la puerta de la bodega y se asomó, un hombre con una pistola amagaba a la cajera y le pedía a gritos el dinero.
Federico se escondió sin dejar de espiar, la cajera lloraba y de los nervios no lograba abrir la caja registradora, el ladrón se impacientaba y le gritaba que la mataría, Federico pensaba que si los superhéroes fueran reales, alguno llegaría y salvaría a su espantada compañera, pero no había superhéroes de los de ficción, los únicos existentes eran aquellas personas reales que se arriesgaban para salvar a otros. Tomó una llave perica que tenía a la mano y espero un momento oportuno para salir y salvar a su compañera, esta lloraba y temblaba, el ladrón gritaba y amenazaba, Federico vio su oportunidad, salió intempestivamente de la bodega, levanto aquella llave de acero para golpear al desprevenido ladrón, pero la llave tocó uno de los cables de electricidad que él mismo dejó sueltos momentos atrás, el bullicio hizo correr al ladrón, la cajera cayó al piso llorando, Federico cayó de espaldas aturdido, había ganado, salvó a la cajera y al negocio, era un héroe, entonces comenzó a sentir un dolor en su brazo izquierdo que se fue intensificando cada vez más, su corazón dejó de latir, comenzó a perder el conocimiento, no llegaron a tiempo para salvarlo, “maldición, si los superhéroes fueran reales ahora estaría simplemente terminando de comer” fue su último pensamiento.

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