sábado, 30 de mayo de 2015

Como Molloy

A mi lo que ahora me gustaría es hablar de las cosas que aún me quedan, despedirme, terminar de morirme de una vez. No me dejan. Si, parece que son varios. Pero siempre parezco el mismo. «Más tarde, más tarde», me digo. Bueno. Debo salir a buscar trabajo. Completo un par de solicitudes y las guardo en algún lugar. La verdad es que mucha voluntad ya no me queda. Pero no trabajo por dinero. ¿Por qué trabajo? No lo sé. No sé gran cosa, si he de ser franco. Ahora sé lo que es tener una hija. Puede que tenga algún otro en cualquier parte. Pero no es probable. El verdadero amor no es esto. Mi verdadero amor se quedó atrapado en la mirada ella esa última vez que la vi. Su nombre se mezcla siempre en lo que digo, aunque sólo diga "¿qué hora es?", su sombra acostumbra acomodarse entre mi alegría envasada al alto vacío y mi soledad que no caduca, su suave cabello castaño y sus caricias repentinas los guarde en una caja de zapatos donde termino guardando todo. Ahora no sé ni donde está ni si quiero buscarla. Tal vez retome mi vieja bicicleta y salga a encontrarla para pasear juntos, eso nos gustaba. El verdadero amor es eso. Ella ya es otra, yo soy otro, aquella bicicleta esta oxidada, ese lugar no existe más. Pero yo quería hablar de las cosas que aún me quedan. Como las ganas, pero no son suficientes. ¿Suficientes para qué? Deberían ser suficientes para algo, para alguien. Terminar de morirme de una vez. ¿Y si mañana...? No, eso mismo dije el día pasado y el pasado y el pasado. Tal vez mañana vuelva a decirlo. Lo sé, no me queda gran cosa, o tal vez me queda demasiado, quizá me queda algo intermedio. Alguien me habló de un arco iris, alguien más de la esperanza, alguien de dios, alguien de drogas, borracheras con mezcal y refresco en polvo, sexo y besos clandestinos. Frases bien pulidas, lugares comunes y triviales que apenas si tienen relación con mis asuntos. Es fácil ser un eslogan. Bailábamos, las estrellas sobre nosotros, bailábamos hasta que el sol apareció detrás de una barda. Ahora el sol aparece y nadie baila, apenas si nos miramos e intentamos olvidar entre platicas vacuas y llenas de risa. Aquella novela que casi termino me da la impresión de ser casi lo que quise escribir. La escribo para estar seguro que tengo obsesiones, odio, amor. ¿Qué importa? Tomo mi pluma, busco algún pedazo de papel, sólo encuentro un viejo recibo de cuando compré algunas flores. ¿Para quien eran? Lo he olvidado. En la parte de atrás escribo el borrador de un carta que entregaré mañana: "Es medianoche ya, el frío cala, ¿sabes querida?, siempre podrás contar conmigo". No es de noche, no hace frío...

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