Sonó el teléfono una noche inesperada, a una hora
inesperada. Una voz la hermosa voz al otro extremo necesitaba mi ayuda, algo
simple, que la escuchara. Una noche, una hora y una voz inesperada. Algo cambió
al terminar la llamada, como si un sueño enterrado emergiera de entre los
escombros del pasado. Dicho sueño nació a las puertas de un paraíso lejano,
perdido, trataba sobre ser mejor persona, sobre encender la luz del alma. Pero
las tormentas de la vida lo enterraron muy profundo. Hasta la llegada de esa
noche, esa hora y esa voz. Entonces supe que no podía renunciar a ese sueño,
ser miserable en secreto ya no era opción, no había manera de volver a ser quien
era antes del nacimiento de ese sueño. Después de todo hay muchos paraísos,
muchas miradas, alguna habrá que me invite a soñar realidades, a realizar
sueños, a encender una luz, y será como una llamada inesperada, a una hora inesperada
y una voz inesperada, que se extenderá a través del tiempo, a través del alma.
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